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Marcela

Las 3 horas más placenteras de mi vida, y los exitantes meses siguientes

    
Esto pasó hace 3 años, pero se me hace tan real al recordarlo!! En esa época yo me había independizado como profesora de artes marciales. fundé mi propia escuela de defensa personal femenina. No disponía de capital para habilitar mi propio local, así que, como nos pasa a casi todos los profesores, terminamos o empezamos dando clases en gimnasios, sindicatos, círculos, como fue mi caso. Pacté con el Circulo de la Policía Federal, en la sede de zona Oeste, del Gran Buenos Aires, y en una semana me habían creado un grupo de 10 alumnas, lo que resulta un número significativo, visto desde la óptica de una profe que cobraba, como se estila en esos casos, el 70% de la cuota de cada alumna; si bien hay lugares que retienen el 50%. Esos números, parecían ser muy importantes para mí, aunque mi mayor interés y orgullo pofesional y personal estaba en haber logrado materializar mi proyecto de crear mi propio estilo marcial, mezclando diferentes artes, como el Kempo Karate, el Taek-Won-Do, y el Tai-Chi-Chuan, como técnicas principales, más los agregados lógicos de una acuariana creativa, independiente y obsecada.

Todo parecía resumirse a eso. Yo dedicaba la mitad de mi vida, casi, a entrenar, enseñar y participar de torneos. Logré que me permitieran utilizar remeras estampadas con el nombre de mi escuela. Eso fue bueno por el dinero extra que proporciona, junto con la participacion como Escuela en torneos, si no porque inflaba mi ego ver a las alumnas usando remeras con mi nombre y el de la escuela. Todo esto era el foco de mi atención, junto con mi trabajo como masoterapeuta y auxiliar en Kinesiología, que me dejaba unos 15 a 20 dólares la hora, cosa que en esa época, no estaba mal.

Todo era asi, hasta que comencé a fijar mi atención en Marcela Lezama, una alumna... No tenía asumida para nada mi atracción por las mujeres. Estaba casada y aunque jamás me llevé bien con mi ex, era un bonito autoengaño, para no asumir ante mi misma, que ya casi ni siquiera era bisexual, sino netamente LES. Sobre todo luego de mi primera experiencia física y emocional con una mujer que amé muchísimo, de la que les contaré en una próxima historia.

Marcela Lezama ingresó como alumna a los 15 días de iniciadas mis clases. Me resultaba tremendamente atractiva como mujer, pero a la vez, me despertaba antipatía, pues parecía muy engreída y demasiado competitiva, al punto de pedirme que le diera una hora de clases extra cada vez, para ponerse al día con el nivel de las demás, y aún superarlas. Mujer-nena de 27 años, Papi Sub-Comisario pagaba sus caprichos... Confieso que la primer clase me incomodó, me pareció una tortura tenerla como alumna individual por lo que me sentí muy tensa durante esa clase grupal, sabiendo que debía quedarme a darle otros 90 minutos individualmente a esa nena caprichosa...

No obstante esa idea que tenía de Marcela, no podía evitar mirarla, era demasiado atractiva, y no solo por su femenino y bien formado cuerpo, sus ojos increíbles, su cabello, su sonrisa, más allá de su evidente atractivo físico, tenía lo que más observo y me atrae: una fuerte, segura y anticonvencional personalidad. Cualidades con las que me siento atraída e identificada. Solo nos diferenciaba que yo debía correr tras el dinero, a ella en cambio, se lo proporcionaba su padre. Quierase o no, eso marca diferencias en muchos sentidos. Yo notaba durante las clases que Marcela me observaba, pero no se me ocurrió pensar que ella se sintiera atraída hacia mí.

Ese día tuvimos la primer clase individual y lo que pensé que sería una tortura, fue algo totalmente opuesto. Como después de las 20 hs no quedaba nadie en ese sector, y yo tenía la llave. Nadie me molestaba ni controlaba. Terminamos los 90 minutos de clase, y nos quedamos luego más de 2 horas charlando, más otras casi tres en una confiteria. Conversando a solas, pude ver que me había engañado con la máscara que Marcela usaba, y que no era en realidad engreída ni antipática como creía, y además era una mujer tan sensible, como inteligente y creativa. Al intercambiar historias de nuestras vidas, supe que se dedicaba a estudiar derecho, y ademas a la danza árabe. Cómo explicar lo que sentí al pedirle que me hiciera una demostración de su danza! Ese cuerpo moviéndose sensualmente... uno de mis estilos musicales preferidos. Y cuando me confesó que sentía admiración por mí, casi me desmayo. Nada era como yo creía! Hasta me contó parte de su vida al decirle yo que era terapeuta alternativa,y supe así que era una más de las mujeres que sufren el maltrato de su padre, que luego ellos creen compensar económicamente.

La senti  débil, vulnerable; en un momento se puso a llorar, y no me controlé, mas allá de la atracción, por ternura y contención, la abracé fuerte. Quedamos así un largo rato abrazadas. Ella lloraba y me repetía gracias por escucharme. No podía lograr que deje de decirlo, ahí decidí abrirme y mostrar los oscuros de mi vida, para emparejar la cosa y que ella no se sintiera en desventaja. Además de sacar su atención de todo ese pasado triste, recién recordado. Le conté de la falta de afecto que sentía por parte de mis padres, de lo infelíz que vivía con mi esposo, del error de casarme, etc.

Ninguna habló de su preferencia sexual, pero las miradas, y la atracción no solo física que se gestaba hablaba por las dos. Desde se día no dejé de pensarla casi obsesivamente, esperaba ansiosa esas clases a solas. Y durante las clases grupales se nos cruzaban las miradas varias veces. Recuerdo que cuando Claudia, otra alumna, me pidió que le quitara las contracturas, Marcela se delató con la mirada entremezclada de celos y bronca. No se despidió de Claudia al finalizar la clase, y se mantuvo como ausente, enojada durante esa clase. Cuando comenzamos nuestra cita, nuestra tercera clase a solas, quize preguntarle... reconozco que me cuesta creer aún viendo, y más aún me cuesta tomar la iniciativa, pero su tan disimulada como obvia escena de celos no me dejaron duda alguna. Marcela sentía atracción por mí. Recuerdo que me trató indiferente, enojada. Cuando reuní coraje y le pregunté qué le pasaba, me dijo casi gritando y con un aire claro de reproche: -No sabia que te dedicabas a hacer masajes, si sabía te hubiera pagado para que me sacaras las terribles contracturas que tengo, o creés que solo a Claudia le duelen los hombros, el cuello y la cintura?

No puedo explicar la alegría, el placer que sentí en ese momento. Ahí comencé una impróvida estrategia de evaluación y de sutil seducción. Le respondí:  -Marce, calmate, yo no podía adivinar que estás contracturada, y no me ofendas más con lo de tu plata y tu pagar. Después de decirle eso, fui yo quien se encerro en si misma, le dije que no me sentía con ánimos de darle la clase individual ese dia. Ahí reaccionó ella de una manera que derretería a cualquiera en mi lugar: -Porfi profe! Perdoname, si? Y me abrazó (Ahí mamitaaa, esa proximidad, ese perfume... como sufrí.) Luego me soltó, me miró a los ojos con esa mirada profunda casi imposible de sostener, sin delatarse, y me dijo: -está bien, dejemos las clases y sacame un poco las contracturas, porfi, ¿si?.  ¿Qué creen que le dije?

Solo disponía de las colchonetas de yoga, así que le dije, vení, recostate acá boca abajo. Le pregunté dónde sentía tensión o dolor, mientras casi temblando, como una imbécil tímida, le corría el cabello, y comenzaba a chequear diagnosticando zonas tensas, en su cuello, la nuca, los homoplatos, la espalda. Ella suspiró y me dijo: -me duele todo profe... estoy re-tensa. -Bueno, le dije. Mirá que esto no es de 5 minutos. Si lo querés hacer  bien, lleva como una hora. -Una hora de esto?, me dijo mientras seguía yo trabajando en la etapa de sedación de la sesión de masajes, que es casi igual a acariciar a la persona. -Hay que lindo!!, me dijo. Yyo me atajé diciéndole, por terror a que me delate el contacto con su piel, que la primer fase era un masaje muy suave, para sedar la piel y el sistema nervioso llegando luego más fácil a la parte muscular, tendones etc. Su respuesta me dejó helada, mejor dicho, comenzó a enitibiarme. -Haceme lo que quieras, es hermoso!! -Si, te hace bien? pregunté. Si, me dijo. Qué bueno es saber esto, me encantaria saber. Es fácil. Solo retenés y repetís lo que yo hago. Podés practicarlo con tu pareja, amistades, etc. Y hasta si aprendés un poquito haríamos un canje y me sacarías vos a mí las contracturas, como un intercambio. -Bueno, dale, después pruebo de repetir lo que haces en mí. Mmmm pensé, apenas me toques me derrito!

Esa estúpida timidez inicial mía, hizo que le preguntara: -¿Dónde sentis más tensión? -En el cuello, los hombros, la cintura y las piernitas. -Mmm,  ¿y ahora como disimulo?, pensé. Dejé de hablar y comencé a trabajar, en su cuerpo, luchando por no hablar con la intensidad del calor, o la suavidad de mis manos, lo que es un imposible, casi, ya de por sí, el masaje, se acepte o no, es un medio de comunicación, un lenguaje. Cómo sufrí! Quería hacerla sentir bien y a la vez no delatar mi deseo. Mis manos se deslizaban por su cuello, sus hombros, su espalda, yendo y viniendo, deteniéndome de vez en vez en algunos sectores. El masaje es y debe se intuitivo. Debía descender a su cintura, y sus piernas, ya que allí dijo estar tensa. Cuando mis manos rozaron su cintura, como jugándome, las lleve a la parte baja de su abdomen, disimulando con una pregunta: -Tenés problemas digestivos?, le dije mientras acariciaba, prácticamente su abdomen y su cintura. -No!!, me dijo. Mmm, ahí pensé que me había incendiado, pero cuando retiré mis manos, me dijo apuradamente; -Si!! Ahí donde me tocabas me dolía. Debo tener algo, fijate. Regresé captando el mensaje, obvio, que le causo placer. Gané confianza, entonces elevé el porcentaje de seducción y exitación del masaje, noté su respiración acelerarse un poco al dejar mis manos en su abdomen. Le pregunté entonces: -Me decías que te duelen las piernas? Mientras mis manos iban descendiendo, metiéndose entre sus piernas -Hay sí, qué parte? Pregunté. -Todo, me dijo. Y repitió inclinándose levemente y mirándome a los ojos -todo, estoy toda tensa. Seguí un poco más en sus piernas y caderas, llevando un masaje circular suave hasta sus gluteos, y luego me detuve, me paralizó el miedo, la timidez, no se. -Te cansaste? Me dijo? Claro, vos estas contracturada, y yo te hago trabajar de mas, y encima acá, sin camilla...  -No, le dije, interrumpiéndola, no pasa nada. Está todo bien Marce. Además cuanto mas tiempo se me pase mejor. No quiero ir a casa, verlo a él, quiero llegar cuando esté dormido. (Ella ya era mi confidente prácticamente desde aquella primera clase individual, así es que sabía que me refería a mi ex esposo.) Me sorprendió con una pregunta mientras se incorporó sosteniéndose con sus brazos en mi cintura: -Querés refugiarte en mi dpto. por esta noche? Sabés que vivo sola, que no hay drama. No supe qué decirle, me congeló su calor...

-Huy perdoná, me dijo, soy una desubicada y confianzuda y encima me abusé de vos. Te retuve sacándome las contracturas. -No, pará, le dije. Tu idea me encantó. Y me cayó rebien tu gesto. -En serio? Me dijo y, casi al oído, me habló, mientras intentaba masajearme ella a mí, el cuello y los hombros, -Dale, así te recompenso un poco, y si aprendí un poco te hago masajes yo a vos. Así era? Preguntó mientras intentaba reproducir todos los pasos que sintió en mi sesión de casi 20 minutos de Masajes.

-Si, qué bueno, qué alivio. Aprendés rápido. -Con una Profe como vos al lado, me dijo mientras seguía casi acariciándome. Mi sensibilidad es tal, que no puedo simular mucho, creo, se notó más que el acelerado respirar de ella cuando yo la rodeaba con mis manos. Para disimular fingí enseñarle, le expliqué la importancia de la sedación inicial, y me interrumpió diciendo: -Huy me olvidé, tenés razón, el pelo, el cuello, mi ser se  estremecia con su contacto. Solo se me ocurrió decirle: -Te voy guiando. Entonces comencé a acariciarla a la par, ella reproducía lo que recibía. Noté que se me acercaba más, sentía su respirar, su aliento, hice lo mismo, me fuí acercando, pegándome más a su cuerpo, hasta que improvisadamente, nos encontramos mirándonos a los ojos y acariciándonos mutuamente. Fue como hablar, sin decir nada. De pronto, me atrajo despacio hasta ella y aunque con un poco de temor, me beso la frente y las mejillas varias veces, mientras me decía que yo era muy buena con ella, y que me quería mucho. -De verdad? Le dije, mientras la abracé, e imitándola la besé, cerca de las orejas y luego en la frente, me detuve pegando mis labios, unos segundos. Cuando intenté bajar mi boca, me sostuvo el rostro, me miró fijamente y con sus manos en mi cara, me acercó a su boca, temblando un poco, nos besamos. Fue algo tan esperado, tan dulce. Después de no se cuanto tiempo, sin soltar mi rostro, clavó su mirada en mis ojos, de una manera tan profunda, que me instale allí. Ya no podiamos huir...

Nos besamos con una mezla de ternura, pasión y desenfreno. Así nos quedamos con nuestros  labios y  lenguas recorriendo nuestras bocas dulcemente, jugando, a no jugar. Nos acariamos nuestros rostros luego, sin dejar de mirarnos, nos sonreimos, volvimos a besarnos esta vez ya, sin temor, y acompasadamente nos acariciamos, ya sin medidas, ni reglas. Muy despacio, disfrutando de la magia de ese primer encuentro, coincidiendo en desear que perdure esa irrepetible magia de la primera vez. Nos desvestimos una a la otra, mientras nos deteníamos en cada fragmento de piel, reemplazando la ropa por besos. No se cuántas horas pasaron, realmente nada existió para mi excepto ella, en esos momentos... Nos quedamos allí, amándonos, en ese lugar que será inolvidable para las dos, por siempre, ese sitio donde comenzaron las clases individuales de artes marciales, y ahora teníamos la clase de acercamiento que las dos deseabamos desde hacía tiempo, sin animarnos a insinuarlo, como suele ocurrir.

Ahora nos enseñábamos mutuamente, cómo amábamos, y de qué manera deseaba ser acariciada cada una. Aprendiendo, poco a poco, la forma de darle más placer una a la otra. La tomé suavemente, sentándola de espaldas a mí, besé su espalda, recorriendo a la vez con mis manos su cintura, sus caderas, acercándola más a mí, la besé con mayor intensidad cada vez, mis manos acariciaron sus piernas, haciéndola desear más y más. Luego una de mis manos la instalé debajo de sus muslos, sentándola sobre mi mano, y acaricié con mis dedos su ano, mientras con la otra mano, recorría muy despacio su abdomen, sus piernas, hasta instalar mis dedos en su clítoris. Recuerdo el placer que ésto le causo. Debí permanecer así más tiempo, porque amaba su pedido y sus gemidos, luego me incliné para reemplazar a mis manos por mi boca, recorriendo con mi lengua los rincones que mis dedos habían encendido y ahora estallaban de placer.

Ella tomó mi rostro con ambas manos, y lo sostuvo, aferrándolo entre ambas piernas. Era como si quisiera sentir que me obligaba a besar su vagina, capté esa fantasía y contribuí entonces a aumentarla, hasta que a los pocos minutos, saboreé su primer orgasmo, tras el cual, me tomó y me tiró de espaldas contra esa colchoneta y comenzó a besarme, me sentí tan gratificantemente extraña... ella tenía el total control sobre mí en esos momentos. Me sostuvo los brazos inmovilizándome, y me besó con una pasión que casi era desesperación, comenzó por mi boca, siguió por mi cuello, se detuvo en mis senos, para después de un rato, recorrer con su lengua mi cintura, y fijarse entre mis piernas, besándolas alternadamente, acariciándome sin detenerse, haciéndome sentir un placer indescriptible! Recorrió con su lengua mi vagina,mi clitoris,alejandose y volviendo a regresar allí, hasta lograr su objetivo, enloquecerme de placer, pedirle que no se detenga, y adoptar su misma actitud, sostener su rostro y colocarlo entre mis piernas como obligándola a quedarse allí, imitando su fantasía, las cuales a partir de ese primer día, fuimos intercambiando y haciendo realidad las de ambas. 

Una vez obtuvo de mí el primer orgasmo, me miró y me sonrió de una manera, que la hubiese querido introducir en mi alma, y que se quedara alli para siempre, aunque creo, aquí está desde ese dia. Nos colocamos alternadamente una sobre la otra, mirándonos, acariciándonos y besándonos despacio, reiniciando el arte de darnos mutuo placer, una y otra vez, recorriéndonos de la cabeza a los pies, varias veces, sin ningún apuro, silenciosamente, excepto por la música de nuestra agitada respiración, y los sonidos de nuestros gemidos de placer, alternados con palabras y frases, esto era una canción perfecta. Luego, nos quedamos un rato quietas, recostadas una al lado de la otra, a ambas parecía costarnos un poco la pasividad en ese momento, la abracé aferrándola a mí lo mas fuerte que pude, mientras ella besaba mi cuello, y me volvía a encender, le propuse ir a las duchas del gimnasio. Allí pasamos otro delicioso e interminable momento. Me fascinó enjabonar su cuerpo, masajeándolo, sentir más tarde sus manos llenas de espuma recorrer mi piel, el agua sobre su cabello, y mi boca en la suya, y como intentando secar su cuerpo con mi lengua, recorrerla, disfrutándola... Los cuerpos bajo el agua, riendo felices, jugando juegos de amor, improvisados bajo el agua. Y de verdad, después, sequé su cuerpo todo, sin utilizar toalla alguna, pero esto hizo que ella volviera a mojarse a causa de la exitación, y era interminable. Al regresar a nuestra colchoneta del gimnasio, el secarnos y humedecernos una y otra vez, hasta viendo ya como empezaba a amanecer, acariciándonos abrazadas, quedarnos dormidas. Si, el tiempo, las obligaciones, los planes, todo se habia esfumado. No existía para las dos otro objetivo que permanecer juntas.

Me desperté con sus besos y palabras susurrando a mis oídos, que debíamos irnos antes que llegara gente al gimnasio. Recién ahí la realidad de que existía un mundo más allá de Marcela, fue regresando a mí. Así, luego de besarnos y acariciarnos lo suficiente como para salir encendidas y deseándonos nos fuimos a su departamento. Todo había pasado tan lento y rápido a la vez, que costaba y molestaba tomar conciencia de las obligaciones y acciones que tenía cada una ese día. Así es que, de mutuo acuerdo, cancelamos telefónicamente lo que cada una debía hacer ese día, inventando excusas al por mayor. Al fin sonreímos, nos sentimos libres del mundo. Desayunamos lo suficiente para recuperar la cena que no tomamos y las fuerzas que el amor nos dió y quitó a la vez. Decidimos darnos una ducha y dormir unas horas, pero, como ocurre casi siempre, no se puede planificar demasiado. Eran las 11y 30 recuerdo, y recién a las 15hs vi por última vez el reloj de pared. Al abrir nuevamente los ojos, lo primero que observe, fue a Marcela dormida, abrazada a mí, me quedé mirándola, acariciándola; al levantar la vista y ver ese reloj, reaccioné a que si, había dormido, pues eran las 19 y 20 minutos. Me dediqué a disfrutar de verla dormida, acariciándola suavemente para no despertarla, pero al rato, sus hermosos ojos estaban mirándome, y de nuevo su sonrisa... y una vez más, su seductora voz en mis oídos, y sus manos en mi piel, y mi boca en su cuerpo. Y una vez mas, nos encontramos amándonos esta vez, con más acción y desesperación, cambiando de posición y cumpliendo mutuas fantasías, hasta que sentimos hambre las dos, nos duchamos y salimos a cenar.


Melody

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