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La ducha


Llegué de trabajar como todos los días muy cansada, al entrar lo primero que vi fue su figura. Era la mujer con la que estaba compartiendo mi vida desde hacia ya casi un año, la quería mucho, pero ya no sentía lo mismo que antes, ya no la amaba con locura. Creo que la monotonía estaba arruinando un poco la relación, ella me amaba yo lo sabia, pero yo no la correspondía de la misma manera últimamente. Se volteó y me miró con una sonrisa y dijo: "hola mi amor, la cena ya casi esta lista". Ni siquiera le conteste y fui hacia la habitación a dejar mi abrigo y sacarme los zapatos. No quise ser tan dura, pero ni siquiera la mire, ni siquiera dije un simple "hola". Mientras me calzaba las zapatillas se acercó a mi, se sentó a mi lado y me pregunto: -¿Un mal día en el trabajo? No le conteste -¿Te pasa algo? Me dijo. A lo que apenas balbuceé - estoy cansada nada mas, no empieces con tus reproches. Me levanté y me fui al baño, al menos sabía que ahí ella no iba a molestarme.

Cuando salí del baño la encontré cenando sola con la cabeza muy baja, no le podía ver el rostro, pero sabía que ella estaba casi llorando. No hice nada para aliviar su pena, agarré mi plato y me lo lleve al sofá, para comer mientras miraba la televisión. Sabia que me estaba comportando mal, pero no podía evitarlo, me sentía irritada y no quería tener que estar dándole explicaciones. No quería decirle como me sentía, no quería que ella supiera que yo ya no la amaba, que ya no la necesitaba.

Terminé de comer, lleve el plato vacío a la cocina y ella seguía ahí sentada, con la cabeza baja, ni siquiera había probado su comida. Me sentí terrible, pero otra vez no hice nada y me fui a duchar.

Empecé a desvestirme pensando en la penosa escena, y en lo mal que había actuado. Recién en ese momento me dí cuenta de que ella todavía me importaba, si yo no la quisiera no me sentiría tan mal por lastimarla. Pero el daño ya estaba hecho, y no solo por lo que había ocurrido hoy, hacía semanas que yo llegaba de trabajar malhumorada y sin ganas de nada, sin embargo ella siempre me recibía con un - "hola mi amor".

Mientras me duchaba no paraba de pensar, me estaba portando muy mal, no podía evitarlo, sentí que ya había hecho todo el daño que se le puede hacer a una pareja y por primera vez pensé en que ella ya no iba a soportar más eso e iba a dejarme. Por primera vez me daba cuenta que ella no era incondicional y que seguramente iba a dejarme. Un escalofrío recorrió mi cuerpo, no quería perderla, yo todavía la quería y tenía que hacérselo saber antes de que fuera tarde. Me apresuré en terminar de enjuagarme el cabello para salir rápido de la ducha e ir a hablar con ella, cuando la puerta del baño se abrió lentamente. Era ella, -disculpá- me dijo- solo vine por una toalla. Corrí un poco la cortina de la ducha solo para mirarla, tenia los ojos rojos y un poco hinchados, se notaba que había llorado y mucho. Agarró la toalla y cuando se dispuso a salir la tomé del brazo y con un tirón la metí bajo la ducha junto a mi.

Ella se quedo asombrada, y mientras su ropa se empapaba me miró con ira y trato de salir. La tome con más fuerza y la atraje hacia mi. Comencé a besarla con violencia y ella hizo lo mismo. Era como que estábamos liberando toda la rabia que teníamos guardada dentro, estábamos liberando la rabia de una forma brusca y apasionada. Empecé a sacarle la ropa con rudeza mientras ella no dejaba de besarme y morderme el cuello, cuando por fin quedó desnuda, no tardé ni un momento y me puse de rodillas para poder así lamer su sexo. Trate de hacerlo con calma, pero no podía, no quería lastimarla pero no podía ser delicada tampoco. Ella empezó a gemir de placer y cuanto más dura era, más me pedía. Me pedía a gritos que le diera placer, a lo que comencé a penetrarla con mis dedos sin parar un momento de frotar su clítoris. Yo la lamía, la tocaba, la penetraba sin parar a lo que ella respondía con gemidos, gritos y hasta insultos lascivos.

Cuando por fin ella comenzó a llegar al tan ansiado orgasmo no pude dejar de observar su rostro; los ojos cerrados con fuerza, la boca abierta y esa cara de locura desenfrenada. Entonces ella acabo con un grito hermoso, que demostraba cómo estaba liberando toda la tensión y sufrimiento que estas últimas semanas yo le había causado. Me puse de pie, la bese suavemente, la abrasé y mientras se me caían las primeras lagrimas le pedí disculpas por todo el mal que le había hecho. -Perdoname, nunca mas te voy a hacer sufrir, hasta hoy no me había dado cuenta de todo lo que te amo y que sin vos no soy nada- y seguí llorando abrazada a ella, abrazándola con fuerzas mientras me juraba que nunca mas la iba a soltar.


Barty

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